domingo, 26 de abril de 2009

Bilbao - Chicago cruzando un puente

( Puente de Deusto)

(Puente Chicago, avenida Michigan)

Hubo un tiempo en el que vivir en Deusto no era sinónimo de vivir en Bilbao. De hecho , 84 años después de la anexión de la anteiglesia de Deusto a Bilbao, muchos deustarras siguen considerando que no viven en Bilbao.
Pero, Bilbao, allá por principios del siglo XX, necesitaba expandirse, y la expansión no podía ser de otra manera que no fuese construyendo nuevos puentes que permitiesen unir los dos márgenes de la Ría. Así es como el consistorio bilbaíno encargó a los arquitectos Ignacio de Rotaeche y José Ortiz de Artiñano la construcción de un puente móvil que uniese Deusto con la zona de Moyua y Gran Vía. Sucedió que estos dos señores, acompañados de Ricardo Bastida, acudieron a un Congreso a la ciudad de Chicago, USA, y este último, quedó maravillado de los puentes móviles de la ciudad, en concreto, del puente de la Avenida Michigan, construido en 1920, cuatro años antes de la visita. De ahí sacó la inspiración para lo que, unos años más tarde, sería el Puente de Deusto.
El Puente de Deusto se comenzó a construir en 1932 y se terminó en 1936, año en el que comienza la Guerra Civil española. En 1937 sufre desperfectos al ser volado el tramo móvil del puente por gudaris y milicianos al huir. Es restaurado y, finalmente acabado en 1939, así que fue bautizado como “ Puente del Generalísimo Franco”. Pero hubo suerte y , cuarenta años después recuperó su nombre original “Puente de Deusto”.
En años posteriores sufrió diversas modificaciones , hasta las últimas que se están llevando a cabo estos días, pero nunca desde su apertura ha dejado de ser un símbolo para los bilbaínos. Cuando los barcos aún llegaban a Bilbao y atracaban en el puerto , lo que hoy en día es el museo Guggenheim y sus cercanías, el puente se levantaba al menos una decena de veces al día para permitir el tráfico marítimo.
Yo estudié en la Universidad de Deusto y, durante mis años de carrera, crucé centenares de veces el puente. En días de lluvia intensa, pasar por él era jugarse el tipo porque el viento te derribaba; recuerdo papeleras llenas de paragüas rotos. En horas de clase – tuve un par de años la suerte de estar en aulas que daban a la ría- había momentos en que ver abrirse el puente y dejar pasar los enomes barcos, era un espectáculo digno de ser visto y admirado.
Con la transformación urbanística, el Guggenheim, el Euskalduna, y todos sus alrededores, el puente ya no se volvió a abrir desde 1995. Sin embargo, como casi siempre, a los bilbaínos nos puede el corazón y aunque las diferentes instituciones se plantearon sellarlo, nunca se ha hecho, supongo que a todos nos gustaría volver a ver cómo se izan sus hojas.
Es curioso conocer cómo ciudades de diferentes países pueden estar hermanadas por edificaciones semejantes. Nunca he estado en Chicago, pero supongo que ahora tengo una buena razón para pasar por allí cuando vaya a EEUU. Será extraño ver en otro sitio algo tan familiar para mí.¿ y vosotr@s ?¿ tenéis algo similar en vuestras ciudades?

3 comentarios:

María dijo...

Hola, Ane, gracias por tu huella, me quedo entre tus posts viendo tu blog.

Un beso.

Morgenrot dijo...

¡ Hola , querida Ane !, sí te puedo decir que en Sevilla estaba el viejo puente de estructura de hierro que se abría y subía para el paso de barcos.
El Guadalquivir es río navegable y el puerto de Sevilla sigue teniendo movimiento.

Años atrás lo sustituyeron por un puente más moderno, que también se alza al cielo para permitir el paso de barcos. Es un gusto contemplarlo.

Un abrazo

Mega dijo...

Yo sí me he paseado por el puente de Michigan y da el mismo miedo que describes en relación con el de Bilbao. La avenida Michigan es amplia y muy ventosa, y en ella se crean corrienes de aire tan fuertes, que ciertos días lo mejor es quedarse bajo techo.

Otro abrazo